Parece evidente que el mejor tratamiento médico que existe es el que no ha de realizarse. Para conservar una dentadura sana es conveniente mantener una serie de hábitos de salud. En primer lugar, es esencial llevar una dieta adecuada. Los azúcares y las harinas refinadas (galletas, bollos, pasteles, caramelos, etc) es de lo que se nutren las bacterias que provocan las caries y que están presentes en todas las bocas. Así pues, una dieta rica en alimentos azucarados suele asociarse a problemas importantes de caries.
Lo más indicado es seguir una dieta variada y sana (frutas, verduras, carnes, pescados, y especialmente alimentos ricos en
calcio como la leche, o el yogur). A los pocos minutos de comer las bacterias de la boca ya empiezan a producir ácidos que desmineralizan los dientes. Tomar un poco de queso tras las comidas es un buen truco para retrasar este proceso.
Otro tipo de tratamiento preventivo que ha demostrado gran efectividad en la prevención de las caries es la apertura, limpieza y sellado hermético de las fisuras de las muelas.
Las fisuras de las muelas constituyen un rincón donde los cepillos de dientes no pueden acceder. Por eso suelen acumular bacterias que terminan generando el 90% de las caries en los niños de 6 a 14 años de edad. Son casi siempre caries rápidas, que no suelen causar molestias hasta que están muy avanzadas. Es necesario recordar que el tejido dental no tiene capacidad de regeneración, y por lo tanto, que cada micra de estructura dental dañada por la caries queda perdida para siempre. El sellado de estas fisuras antes de la aparición de la caries mantiene eficazmente durante años su salud e integridad. Sin embargo, existen diferentes formas de realizar este tipo de tratamientos, con resultados en cuanto a efectividad y duración distintos.
Practicar habitualmente estas medidas higiénicas y estas técnicas de prevención y realizar visitas de revisión cada 6 meses permite conservar de forma sencilla una dentadura sana toda la vida.
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